Todos nos enfadamos, aunque a veces no lo exterioricemos.

Sentir rabia es normal, dependerá de si le damos espacio o no, y de si nos permitimos sentirla.

Existen tres causas por las que en ocasiones nos sentimos rabiosos o enfadados:
-por algo que otros nos hacen o dicen
-por algo que no nos hacen o no dicen y lo esperábamos.
-por algo que nosotros mismos dejamos de hacer.

Así pues la rabia es uno de los sentimientos más frecuentes del ser humano y que viene a recordarnos que nos hemos saltado un límite.
Si a esta emoción, al igual que en el resto, no se atiende, nos debilita. La rabia reprimida repercute en nuestro cuerpo, y si no le damos el espacio que necesita, el cuerpo nos enviara señales de que algo está mal, y nos traerá síntomas.

Entonces, no se trata de enfrentarnos a la rabia, se trata de aprender a manejarla, el asunto es darse cuenta de que tras el enfado, hay algo más. Y aunque suene raro, esta es su parte positiva, nos viene a decir que estamos “gestionando” con ella algún sufrimiento de fondo, y que mediante el enojo no contactamos, es decir, mientras nos mantenemos en el enfado estamos evitando algún dolor por algo.

La rabia es un mecanismo de defensa que adoptamos en los primeros años de vida y que nos sirve para protegernos del mundo tal como lo percibimos, con el tiempo, este mecanismo lo incorporamos definitivamente a nuestra vida siendo una forma segura y protectora.
De manera que el enojo, la ira o la rabia, se instalan inconscientemente en nuestra mente y ante cualquier amenaza se disparan. Y es así como a veces evitamos sentir el dolor más interno, nos protege de ello, nos gestiona el sufrimiento como hemos dicho anteriormente.

Así que la rabia es una oportunidad para sanar heridas no resueltas.
Cuando la rabia es con nosotros mismos o por algo de nuestro pasado, debemos hacer un camino parecido, buscar la causa en temas no resueltos, no cerrados de nuestro pasado que debemos ubicar, aceptar y despedir, para seguir nuestro camino.

Una respiración, hacer un alto y preguntarse, que es lo que me ocurre, nos aliviara la tensión interna y su acumulación. Manifestar el enfado expresando a mi exterior que estoy enfadado, pidiendo que me den unos minutos para calmarme
es otra forma de participar de mi sentimiento.

Lo importante es atrevernos a iniciar nuestro autoconocimiento y profundizar en nosotros mismos. La clave está en escucharnos y atendernos para que esta emoción no nos desborde y así conseguir aceptarla en nosotros

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