Polaridades en psicología: qué son y cómo se trabajan en Terapia

Tabla de contenidos

Dos caras esféricas amarillas, una sonriente y una triste

Las polaridades son las versiones extremas de un mismo rasgo de carácter: dos caras que, aunque parezcan contrarias, pertenecen a la misma moneda. Cuando te identificas solo con una de ellas, la bondad, por ejemplo, tiendes a rechazar la otra la crueldad, como si no tuviera nada que ver contigo. En este artículo te contamos de dónde viene esta idea, cómo se forma en cada persona y qué se puede hacer en terapia para integrarla y ganar en equilibrio interno.

Cara a cara con aquellas partes de ti mismo

Convives con tus polaridades todo el tiempo, casi sin darte cuenta. Cuando logras integrarlas, se mantienen en un equilibrio que sostiene tu salud mental. El problema aparece cuando se vuelven extremas y dejas de saber ordenarlas: ahí es cuando empiezan a aparecer síntomas que te alteran.

Estas polaridades nacen de tu historia personal y de cómo percibes la realidad, tanto la de fuera como la de dentro. Puedes reconocerte, por ejemplo, en el bien y rechazar su opuesto, el mal; o identificarte con la dureza y negar la delicadeza. Y no siempre hay un único opuesto: la bondad, por ejemplo, también puede tener como polaridad el enajenamiento, no solo la crueldad.

¿Qué es la polaridad en una persona? Los opuestos que se necesitan

La polaridad en una persona es la coexistencia de dos rasgos opuestos que, lejos de anularse, se necesitan mutuamente para existir: luz y oscuridad, arriba y abajo, izquierda y derecha. La presencia de uno solo tiene sentido porque existe el otro; se encuentran, se distinguen, se enfrentan, y en esa tensión sostienen entre los dos todas las posibilidades intermedias.

Algunos ejemplos habituales: femenino y masculino, día y noche, opresor y oprimido, enfado y alegría, contacto y retirada, culpa y responsabilidad, entre muchos otros.

El trabajo terapéutico consiste, precisamente, en facilitar que esas partes opuestas de tu personalidad puedan encontrarse. El diálogo es el medio para lograr ese contacto: se trata de acercar ambos polos como propios, identificándote con eso que hasta ahora sentías ajeno a ti. El resultado es lo que en Gestalt se llama la ordenación en un punto cero: un lugar de mayor equilibrio entre los dos extremos.

Un ejemplo cotidiano: cuando “ser bueno” impide poner límites

Imagina a alguien que ha construido buena parte de su identidad alrededor de ser una persona amable, complaciente, siempre dispuesta a ayudar. Ese polo —la bondad— le ha dado reconocimiento y cariño durante toda su vida, así que se aferra a él con fuerza, muchas veces porque su autoestima ha aprendido a depender de esa aprobación externa.

El problema llega cuando esa persona necesita decir que no, poner un límite o simplemente enfadarse: no se lo permite, porque el enfado y la firmeza pertenecen al polo que ha rechazado de sí misma.
¿Y qué pasa con esa energía que no encuentra salida? No desaparece: se transforma en tensión acumulada, en un malestar difuso que cuesta nombrar, en irritabilidad que estalla en el peor momento, o en un cansancio que ninguna vacación logra reparar. Por fuera, la persona sigue siendo “buena”; por dentro, paga un precio cada vez más alto. Trabajar esta polaridad no consiste en enseñarle a ser cruel, sino en ayudarle a ver que decir “no” y cuidar de otros no son incompatibles: son dos polos de la misma persona que necesitan convivir para que ninguno se vuelva tiránico.

¿De dónde viene el concepto de polaridad en psicología?

El concepto de polaridad no nace con la Gestalt: la Gestalt lo hereda de una intuición mucho más antigua, presente ya en las tradiciones filosóficas y religiosas que llevan siglos hablando de nosotros como seres atravesados por dualidades —el bien y el mal, la luz y la sombra, lo permitido y lo prohibido—. La psicología moderna tomó esa base simbólica y le dio un lenguaje clínico.

Quien primero construyó un marco teórico riguroso a partir de esta idea fue Carl Gustav Jung, desde la Psicología Analítica. Su planteamiento es tan simple como incómodo: todo lo que no puedes aceptar de ti mismo no desaparece, sino que se desplaza a tu inconsciente y se organiza allí como una especie de doble oscuro de tu propia identidad —lo que Jung llamó la “sombra”. Cuanto más te aferras a un solo polo (por ejemplo, “yo soy generoso”), más fuerza gana en la sombra su contrario negado —tu propia mezquindad—, esperando el momento de aparecer de forma indirecta: en una proyección, un lapsus, un síntoma o un conflicto con alguien más. En muchos casos, esa sombra no es solo individual: responde a patrones o roles heredados dentro del sistema familiar, algo que las constelaciones familiares individuales permiten explorar con claridad.

Años después, Fritz Perls tomó esta intuición y la convirtió en una herramienta de trabajo activo dentro de la Gestalt. Ya no se trataba solo de entender intelectualmente que existe una sombra, sino de crear en sesión las condiciones para que ambos polos se encuentren, se reconozcan y dejen de vivir separados. Esa es la diferencia clave entre el origen del concepto y su uso clínico: la Gestalt convierte la teoría de los opuestos en algo que se vive, no solo se piensa.

Las polaridades en la Gestalt: capacidad creativa e integración

En Gestalt, trabajar con polaridades te da la capacidad de ver las dos caras de un mismo hecho y completar lo que estaba incompleto, logrando una comprensión mucho más profunda de cómo funcionas. Si no te permites ser malvado, tampoco podrás ser genuinamente bondadoso: necesitas el contacto con ambos polos para que cualquiera de los dos sea real.

El primer paso es dejar salir esa parte de ti que no apruebas, ponerla a la vista y entrar en contacto con lo que hasta ahora mantenías en secreto. Cuando consigues tratar ese secreto con algo más de amabilidad, también te resulta más fácil relacionarte con quien se acerca a ese territorio interior, o amenaza sin querer una parte de ti.
Tu forma de estar en el mundo se reorganiza cuando logras integrar los opuestos.

Es en esa integración entre las dos posiciones donde realmente experimentas tu propio centro: la reconciliación entre las diferencias, la unión de las partes en un todo, tiene que ver con totalidad, integridad y orden. Como decía Jung: “cuanto mayor sea el contraste, mayor es el potencial”.

“Si los extremos luchan dentro de tu corazón, no elijas. Permite que ambos estén allí. No crees una lucha en tu interior, permite que ambos estén allí. Ambos serán necesarios, con los dos tendrás dos alas y entonces podrás volar” – Osho

Ningún polo es absoluto: una cuestión de grados

Hablar de polaridades no significa que cada persona sea “toda bondad” o “toda crueldad”, como si fueran cajones cerrados. En la práctica clínica no existen personas puramente buenas ni puramente crueles, sino grados variables de cada polo según el momento, el vínculo y la situación.

Alguien muy conciliador en su vida familiar puede mostrarse firme, incluso duro, en su entorno laboral. Pensar en términos de grado —y no de absolutos— es justo lo que hace posible el trabajo terapéutico: no se trata de “convertirte” en tu polo contrario, sino de ampliar tu rango de movimiento entre ambos extremos según lo que cada situación te pida. Este mismo conflicto entre polos aparece a menudo en decisiones vitales importantes, como elegir un camino profesional cuando una parte de ti busca seguridad y otra busca pasión —algo que trabajamos también en procesos de orientación vocacional.

También en la pareja aparece este mecanismo: en mi consulta de terapia de pareja en Barcelona veo este patrón a menudo. La oscilación entre polos genera fricción constante entre dos personas cuando cada una encarna un extremo distinto de la misma polaridad: una se vuelve más exigente cuanto más pasiva se muestra la otra, o una necesita más espacio cuanto más busca cercanía su pareja. Trabajar la polaridad de forma conjunta ayuda a que ambos entendáis el mecanismo compartido que sostiene esa dinámica, en lugar de vivirlo como un defecto personal del otro.

El papel de la identificación

En Terapia Gestalt, trabajar con polaridades es entrar en contacto con las distintas partes de ti mismo, para ampliar la visión y el concepto que tienes de ti e integrar aquello que hasta ahora vivía en conflicto. Perls decía que sentirte bien es sinónimo de identificación: ser uno contigo mismo. Sentirte mal, en cambio, es alienación: alejarte de ti mismo. Cada vez que defines lo que eres o lo que no eres, estás discriminando, y a ese proceso en Gestalt se le llama límites del yo.

Abordajes prácticos en terapia: enfoque Paco Peñarrubia

Paco Peñarrubia es psicólogo y uno de los pioneros de la Gestalt en España, fundador de la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt. Estas son algunas de las técnicas concretas que recoge para trabajar las polaridades en sesión:

  • La sustitución del «pero» (o el «o») por el «y». La conjunción adversativa marca una dualidad, mientras que la copulativa favorece que aceptes los opuestos.
  • La sustitución del «por qué» por el «cómo». Preguntarte cómo, en lugar de por qué, te ayuda a percibir mejor las diferencias, los opuestos.
  • La congruencia, o coherencia en la expresión. Que la forma y el contenido de lo que dices encajen. Cualquier desajuste aquí puede señalar una polaridad que estás rechazando.
  • La expresión de los sentimientos negativos. Clarifica esas zonas ambiguas («o te quiero o te odio») que tienden a rigidizarse en blanco o negro, y deja fluir con más libertad tus polaridades.
  • El desdoblamiento (la silla). Una técnica que consiste en poner en la silla de enfrente esa parte de ti que no reconoces, para facilitar el diálogo entre los opuestos.
  • La teatralización de una polaridad. Jugar un rol con la máxima implicación para descubrir y reconocer las partes que proyectas o que todavía no has explorado. Es especialmente útil para atravesar emociones como la vergüenza, la ansiedad o el disgusto.
  • El juego de la reversión. Explorar, jugando un rol, aquello que temes vivir o que sueles rechazar por tus propios introyectos.
  • La exageración, la amplificación, la repetición. Formas de ampliar tu darse cuenta, o de encontrarle un sentido distinto a algo, provocando un opuesto sobre el que poder trabajar.

¿Cómo identificar la polaridad?

Una polaridad propia suele delatarse a través de reacciones desproporcionadas ante ciertas personas o situaciones: si algo nos irrita, nos incomoda o nos provoca un rechazo intenso que parece no guardar relación con la magnitud real del hecho, es probable que esté tocando un polo que tenemos negado o poco integrado.

También se manifiesta en los extremos de nuestro propio comportamiento. Cuando pasamos de la pasividad total a la explosión repentina, por ejemplo, en las etiquetas rígidas con las que nos definimos («yo nunca me enfado», «yo siempre cedo»), y en aquello que más juzgamos o admiramos en los demás, ya que solemos proyectar en otros justo el polo que no reconocemos como propio.

Prestar atención a estas señales, en lugar de descartarlas como algo ajeno a nosotros, es el primer paso para identificar qué polaridad está pidiendo ser integrada.

Si después de leer esto reconoces alguna de tus propias polaridades en conflicto y quieres un acompañamiento profesional, te invito a reservar una consulta de terapia individual en Barcelona, o si te resulta más cómodo, a consultar disponibilidad para sesiones de psicoterapia en Girona.

Preguntas frecuentes sobre las polaridades

¿Qué son las polaridades en Gestalt?

En Terapia Gestalt, las polaridades son las partes opuestas de la personalidad que deben dialogar e integrarse para ampliar el autoconocimiento y superar la alienación de partes propias no aceptadas. Fue Fritz Perls quien tomó esta idea y la convirtió en una técnica de trabajo experiencial en sesión

¿Qué es la polaridad en una pareja?

En una relación, la polaridad aparece cuando cada miembro de la pareja termina encarnando un extremo opuesto de un mismo eje: uno se vuelve más exigente cuanto más pasivo se muestra el otro, o uno busca más cercanía cuanto más espacio necesita su pareja. No son dos problemas independientes, sino dos caras de un mismo mecanismo compartido: cuanto más se sostiene un polo, más refuerza el contrario en el otro.

¿En qué se diferencian de las polaridades energéticas?

Las polaridades energéticas describen un principio más amplio, presente en tradiciones filosóficas antiguas, según el cual todo fenómeno del universo se sostiene sobre pares de fuerzas complementarias (calor/frío, positivo/negativo). Las polaridades psicológicas y gestálticas aplican esa misma lógica de opuestos complementarios, pero específicamente a los rasgos de personalidad que conviven dentro de un individuo.

La autora: Lola Sanmartín

Soy psicoterapeuta humanista con más de veinte años acompañando procesos de cambio. Trabajo desde una presencia cercana, integrando Gestalt, mirada sistémica y trabajo emocional para que cada persona pueda comprenderse, reconciliarse con su historia y avanzar con más claridad. Creo en el poder del vínculo terapéutico y en la capacidad de cada ser humano de transformarse cuando se siente visto y sostenido.