Todos llevamos dentro a ese niño o niña que fuimos, y aunque pasen los años sigue influyendo en cómo sentimos, reaccionamos y nos relacionamos hoy. En este artículo te explico qué es el niño interior desde la psicología, cómo saber si el tuyo está herido, cuáles son las heridas más comunes de la infancia y qué puedes hacer, paso a paso, para empezar a reconectar con él y sanarlo.
¿Sabes que tú aún eres él?
Todos dentro nuestro continuamos manteniendo a nuestro niño interno, el niño que fuimos, ya que todos fuimos niños. Este niño fue alegre, creativo, imaginativo y también fue herido, angustiado, decepcionado, perdido. En terapia le llamamos, el niño interno. Este niño, fue creciendo, como todos, con todo ello, y hoy en día sigue apareciendo en nuestra vida cotidiana y en cada situación actual.
Para la Gestalt, el niño interior es la estructura psicológica y emocional más vulnerable y sensible de nuestro «yo». Se formó principalmente desde las experiencias positivas y negativas que vivimos en los primeros años de nuestra vida. Y según el tipo de experiencias que fueron y de cómo las vivimos e interiorizamos, nuestro niño ahora puede ser una personita sensible, o puede estar muy enfadado o muy temeroso de la vida. Este pequeño, con el paso del tiempo, se fue escondiendo en lo más profundo de nuestro ser, pero de vez en cuando y en determinadas situaciones, vuelve a emerger, sin que apenas nos demos cuenta.
Por ejemplo, cuando revivimos un miedo que, como adultos, no debería intimidarnos. En muchas ocasiones no nos damos cuenta de que sale a la luz, ni tan siquiera de que existe, pero en algunas circunstancias de la vida, es él quien determina nuestra respuesta ante una situación.
¿Sabes si tu niño interno está herido?
Cuando somos pequeños, no hay filtros, pasamos por experiencias positivas y negativas, sin saber muy bien de qué se tratan. Si vivenciamos una situación negativa, somos capaces de traspasarla llorando, gritando o callando, o como fuere, sin filtrarla por la mente, pero esta experiencia se podrá incorporar en nuestro yo, podrá transitarse sin más y pasar a la fase sucesiva del desarrollo, o tal vez no; tal vez no fuimos capaces de superar el impacto emocional de esa experiencia, y lo más probable es que se generen sentimientos de ira, de frustración o tristeza que acabarán afectando a nuestro niño interno, y que arrastrará con el peso de esas emociones irresueltas. Y es entonces cuando esos sentimientos brotarán una y otra vez determinando nuestras reacciones ahora.
Así pues, si ahora aparecen miedos, rencores, tristezas de manera desproporcionada o algo irracional ante alguna situación, o saboteas tus metas continuamente, es probable que tu niño interior esté herido. Esto es totalmente comprensible, ya que sin darte cuenta le estás forzando a llevar un peso de heridas antiguas y profundas que no has sanado.
Las 5 heridas del niño interior
La psicoterapeuta Lise Bourbeau describió cinco heridas de la infancia que suelen estar en la base de estas reacciones desproporcionadas del adulto. No todas se viven con la misma intensidad, y muchas veces reconocemos más de una en nosotros mismos:
- Rechazo: sentir que no fuiste aceptado o amado tal como eras, algo que suele traducirse en baja autoestima o en la sensación de «no ser suficiente».
- Abandono: una ausencia física o emocional significativa (una separación, una falta de presencia) que deja miedo a que las personas importantes se vayan.
- Humillación: haber sido ridiculizado, avergonzado o menospreciado, lo que puede generar vergüenza o dificultad para mostrarte tal como eres.
- Traición: haber vivido una ruptura de confianza (una promesa incumplida, una deslealtad), que después se traduce en temor constante a que te vuelvan a traicionar.
- Injusticia: haber sentido un trato desigual o injusto, algo que suele derivar en resentimiento o en una exigencia de perfeccionismo hacia uno mismo.
Reconocer cuál de estas heridas resuena más contigo no es para etiquetarte, sino para entender de dónde vienen ciertas reacciones que hoy, como adulto, a veces no sabes explicarte.
Cómo ayudar a sanar a tu niño
Nuestro niño interno convendría servirnos para avivar la ilusión, crear, ser espontáneos, alegres, pero cuando revive antiguas sensaciones dolorosas, nos provoca a comportarnos de manera irritable. Sanarlo es transitar por un camino de descubrimiento, de regresar al pasado para descubrir qué cosas ocurrieron y cuándo y cómo no se pudo superar esa circunstancia que aún te mantiene atrapado emocionalmente al pasado.
Es importante aclarar que ese camino puede ser doloroso, puesto que volvemos a aquellas heridas que en su momento no quedaron sanadas. Y es por ello que retomar ese viaje es mejor hacerlo de la mano de un profesional, para sentirte guiado, acogido, respetado, tal y como no pudo ser en su momento.
Muchas de estas heridas no nacieron solo de lo que nos ocurrió a nosotros, sino de patrones que ya venían de generaciones anteriores en la familia. Por eso, en algunos procesos también incorporo las constelaciones familiares para ayudar a sanar. Es un método que ayuda a revelar esas dinámicas familiares ocultas que, sin saberlo, siguen influyendo en tu niño interior.
Cómo conectar con tu niño interior
Antes de trabajar en profundidad las heridas, ayuda mucho establecer un primer contacto sencillo y cotidiano con ese niño o niña que fuiste. Algunos ejercicios que suelo recomendar para empezar:
- Busca una foto de cuando eras pequeño, a una edad en la que te sintieras especialmente vulnerable, y mírala con calma. Observa su mirada, su postura, lo que parece necesitar.
- Escríbele una carta: cuéntale lo que te hubiera gustado que le dijeran entonces, valida lo que sintió y promete no volver a abandonarlo.
- Háblale frente al espejo: mírate a los ojos y dirígete a él o ella con las palabras que necesitaba escuchar de niño.
- Ponle voz en el día a día: cuando notes una reacción desproporcionada (un miedo, un enfado que parece «demasiado» para la situación), pregúntate en silencio «¿qué edad tiene esto que estoy sintiendo?«. Muchas veces la respuesta te sorprenderá.
Estos ejercicios son un buen punto de partida, pero cuando las heridas son profundas, hacerlo acompañado de un profesional evita que el proceso se quede a medias o resulte demasiado doloroso en solitario.
Ama, acoge y abraza a tu niño interno
Será un viaje emocionante, un reencuentro que siempre te acompañará desde el momento en que lo descubras. Un niño que jamás podrás volver a perder y que siempre estará presente. Te ayudará a mejorar también tu autoestima, así que… si quieres… tu niño te está esperando.
Abrázalo, y si te apetece, yo te acompaño. Puedes reservar una sesión de terapia en Barcelona, o si prefieres, puedes consultar mi servicio de psicoterapia en Calonge (Girona).
Lo que más me preguntan sobre nuestro niño interno
Significa que dentro de ti sigue viva la parte emocional que se formó en tu infancia, con sus alegrías y sus heridas, y que continúa influyendo en cómo sientes, reaccionas y te relacionas hoy como adulto.
Fíjate en tus reacciones desproporcionadas: un miedo que no encaja con la situación actual, un enfado que estalla más de lo esperado, o una tristeza que vuelve una y otra vez ante algo parecido. Esas respuestas «demasiado intensas» suelen ser la voz de tu niño interior, que reacciona desde una herida antigua y no desde el presente.
Es un concepto terapéutico, desarrollado sobre todo desde la Gestalt aunque presente también en el Análisis Transaccional y en el modelo IFS, que designa la estructura psicológica más vulnerable de nuestro «yo», formada por las experiencias vividas en los primeros años de vida.
Se hace reconociendo qué heridas quedaron sin resolver, permitiéndote sentir esas emociones antiguas sin juzgarlas, y trabajando el vínculo con ese niño mediante ejercicios como la carta o el diálogo frente al espejo. Cuando la herida es profunda, lo recomendable es hacerlo acompañado de un profesional que te guíe con respeto y sin prisa.