Vivir el presente suena sencillo hasta que lo intentas de verdad: la mente se va al pasado, se adelanta al futuro, y el «ahora» queda en segundo plano. En este artículo comparto lo que veo en consulta cada semana, por qué nos resulta tan difícil disfrutar el presente y qué puedes hacer, con pequeños pasos concretos, para entrenarlo.
Qué significa realmente disfrutar el presente
Disfrutar el presente no es sentir felicidad todo el tiempo, ni «desconectar» de tus problemas. Vivir el presente significa poder estar donde estás, con lo que sientes ahora, sin que el peso del pasado o la exigencia del futuro te secuestren la atención. Es un concepto muy cercano al mindfulness o atención plena: la capacidad de observar lo que pensamos, sentimos y hacemos en cada momento, sin juzgarlo ni intentar controlarlo todo el tiempo.
En mi consulta de psicoterapia individual en Barcelona veo constantemente que este «no poder estar aquí» no es un defecto de carácter, sino un patrón aprendido: cuando vivimos anticipando lo que puede salir mal o revisando una y otra vez lo que ya pasó, el presente se convierte en el único lugar donde no estamos.
Por qué nos cuesta tanto vivir el presente
Casi todo lo que nos aleja del presente tiene un nombre y una dirección temporal: la ansiedad casi siempre mira hacia el futuro («¿y si no lo consigo?», «¿y si me equivoco otra vez?«), y la tristeza o la culpa casi siempre miran hacia el pasado («no debí decir eso», «debería haber hecho las cosas diferente»). Vivir el presente implica aprender a soltar ambos extremos, no de golpe, sino con práctica.
En ocasiones, cuando alguien me escribe o me llama por primera vez con la intención de recibir terapia, observo que algunas de las frases tienen mucho que ver con situaciones parecidas a las de otras personas. Así que he pensado en compartir una respuesta para aquellos que no pueden venir directamente a mi consulta y que sea de ayuda a poder dar los primeros pasos para sentirse mejor.
Algunas de estas frases, son; «siento mucha ansiedad o frustración», «me siento deprimido o sin fuerzas», «creo que no es un problema de ahora», «no me atrevo a decidir nada por miedo a decidir erróneamente», «me siento hundido y sin ganas de hacer nada», «me gustaría ser feliz o me gustaría ser como antes»…
Lo que suelo responder cuando esto aparece en consulta
Mis respuestas suelen ser algo parecido a las que escribo a continuación:
«Una parte de las frustraciones y de algunos malestares provienen de los deseos o expectativas de cómo quieres o cómo deberías vivir. A veces, desear disfrutar la vida, ser feliz y sentirnos plenos, en vez de ayudarnos, nos recuerda lo que no hemos hecho y todo aquello en lo que hemos fallado, y se convierte en un arma de doble filo».
«Todos los humanos cometemos errores y nos equivocamos, y muchas veces, ¡varias veces al día! La cuestión es aprender a aprender de nuestros errores para que en un futuro no volvamos a tropezar en las mismas cosas».
«Levantarnos cada día y poder valorar lo que sí tenemos hoy nos da más claridad para poder ver lo que tenemos que trabajarnos a nivel emocional, personal y profesional, y así crear un plan realista y equilibrado de mejora en todos los aspectos de la vida que deseemos».
«Para hallar la felicidad, es importante entender que no es un estado al que podamos llegar y quedarnos ahí, sin movernos, sino que encontrar la felicidad es poder tocar por unos momentos ese estado y después desaparecerá, para dar paso a otras y distintas emociones».
«Y algo muy importante también: las emociones no son buenas ni malas, las emociones son parte de nosotros, de la vida, de nuestras vidas, ya que una tristeza nos conecta con partes más profundas de nosotros mismos, el miedo nos protege, la ira nos recuerda cuáles son nuestros límites, y así, todas y cada una de ellas nos va recordando que todas son válidas y que están para nuestro propio cuidado, para nuestro propio aprendizaje de vida».
Jorge Bucay explica que la felicidad se parece más a un estado de serenidad y no tanto a un éxtasis que te deje sin habla. Validar y disfrutar los momentos que existen en tu presente, sabiendo que van a pasar —como todo, ya que todo pasa, también— es en sí mismo un ejercicio de vivir el presente.
Cómo aprender a disfrutar el presente sin exigirte ser feliz todo el rato
Esto mismo lo resumo en una breve lista, pensada para cuando el pasado (un error, una decisión, una situación) es lo que más te aleja del ahora:
- Aceptar que te has equivocado. Sin darle muchas vuelta.
- Revisar qué fue lo que falló, cuál es tu responsabilidad y repasar la situación a tu alrededor.
- Preguntarte qué puedes hacer diferente.
- Si hay una o varias emociones fuertes que no te abandonan, que permanecen, no dudes en pedir ayuda a un profesional.
- Intenta hacer lo mejor que puedas la próxima vez, por lo menos «diferente» que en otras ocasiones, sin exigirte, pero sin volver a repetir lo mismo.
- No te pidas más que eso, pero no te pidas menos tampoco.
Esto por sí solo ya es trabajo. En mi opinión, crecer como persona es un proceso que lleva tiempo y requiere constancia, «entrenamiento» y compromiso con uno mismo, y al mismo tiempo no «debe» ser algo pesado. Lo excelente es encontrar tu propio equilibrio entre trabajar por llegar a donde quieres llegar y aceptar tus propias limitaciones, para que poco a poco podamos ir venciendo obstáculos y aceptando quiénes somos.
Ejercicios y herramientas para entrenar el presente
Más allá de la reflexión, vivir el presente también se entrena con el cuerpo y la atención. Algunas herramientas que suelo combinar con el trabajo emocional en consulta:
- Anclaje sensorial: detente unos segundos y nombra algo que veas, algo que oigas y algo que sientas físicamente (la silla, la respiración, la temperatura). Es una técnica sencilla de grounding que interrumpe el bucle de pensamientos sobre el pasado o el futuro.
- Respiración consciente: alargar la exhalación unos segundos más que la inhalación activa la calma del sistema nervioso y te devuelve al cuerpo, que siempre está en presente.
- Agudeza sensorial de la Programación Neurolingüística (PNL): la Programación Neurolinguistica trabaja específicamente la capacidad de observar con atención lo que ocurre ahora —gestos, tono de voz, sensaciones— sin interpretarlo de inmediato. Es un recurso que, combinado con el trabajo terapéutico, ayuda a entrenar el «estar en el momento» de forma muy concreta.
- Revisión sin rumiación: diferenciar entre revisar un error (útil, con fecha de caducidad) y darle vueltas indefinidamente (rumiación, que te mantiene atrapado en el pasado).
Cuando el peso del pasado o del futuro no te deja soltar
Hay momentos en los que estas herramientas ayudan, pero no bastan, especialmente cuando la ansiedad, la tristeza o el bloqueo llevan tiempo instalados. En esos casos, acompañar el proceso con ayuda profesional marca la diferencia entre entender el problema y realmente soltarlo.
Ofrezco terapia para trabajar de forma personalizada estas dificultades. Puedes acceder a mi consulta de psicoterapia en Girona con el mismo enfoque cercano y práctico de este artículo.
Deseo que estas palabras te sirvan.